Con una trayectoria que supera ya las dos décadas, la escritora Sandra Becerril ha construido un universo literario en el que conviven fantasmas, asesinos, atmósferas enrarecidas y personajes vulnerables que se enfrentan a fuerzas imposibles de controlar. Su más reciente novela, El carnaval diabólico, publicada en la colección H Otros Mundos confirma su lugar dentro del género y expande sus posibilidades al dialogar con el cine, el guion y la propia experiencia de la autora en festivales literarios.

Pero, ¿qué significa escribir terror desde México? ¿De qué manera una novela puede dejar indefenso al lector y obligarlo a mirar sus propios miedos? Esta entrevista con Sandra Becerril nos ofrece respuestas y, sobre todo, nuevas preguntas.

El origen de una escritura definida por el miedo

La relación de Sandra Becerril con el terror comenzó en la infancia. Como ella misma cuenta, “pero sobre todo les escribía a mis hermanos. Me gustaba asustarlos”, historias que combinaban el juego con la fascinación por lo oscuro. El gusto por leer y por ver películas de género alimentó pronto una vocación que, con los años, se transformó en carrera.

Su primera novela publicada, La caída de las brujas, fue un paso decisivo. Aunque se inclinaba todavía hacia la fantasía oscura y no se atrevía del todo a sumergirse en el terror, el éxito del libro le confirmó que ese era el camino. Desde entonces, ha escrito decenas de novelas y guiones, consolidándose como una creadora versátil y prolífica.

Del guion a la novela: la gestación de El carnaval diabólico

Una de las particularidades de esta obra es que nació como guion cinematográfico. Sandra pensó en ella primero como una historia visual, cargada de imágenes potentes.

Sin embargo, tras pasar por manos de productores y ver cómo el proyecto se detenía durante años, decidió llevarla a la literatura. En la novela podía hacer lo que en el cine resultaba imposible: “Entonces ya pude desarrollarla. Sin fijarme tanto en el presupuesto. No podía ponerle toda la sangre que quería y todos los defectos que quería”.

El guion, por su parte, no quedó en el olvido. Con él, Becerril ganó el premio Tinta Oscura de Blood Window en Ventana Sur, uno de los más importantes reconocimientos al guion de género en Latinoamérica. Esa validación le dio fuerzas para convertir la historia en una novela que, con el tiempo, ha comenzado también su camino hacia la pantalla grande.

La portada del libro "El Carnaval Diabólico" de Sandra Becerril.

En El carnaval diabólico seguimos a Chloe, una escritora de terror norteamericana que viaja a Comitán, Chiapas, invitada a un festival literario. Lo que inicia como un encuentro cultural pronto se transforma en una experiencia de pesadilla. La niebla, las iglesias, los caminos y hasta los horarios de vuelos forman parte de un mapa construido con precisión documental. Todo lo que aparece en la novela tiene anclaje en la realidad, porque para Becerril el terror funciona mejor cuando se valida con lo real.

El reto de escribir terror

Una de las ideas más potentes de la autora es que en la literatura el objetivo no es asustar al lector de manera inmediata —como sí ocurre en el cine con los jump scares—, sino dejarlo indefenso. Para lograrlo, el secreto está en la construcción de personajes con los que el lector pueda identificarse: “una vez que se preocupan por él, ya la llevas de gane, porque sabes que algo muy malo le va a pasar en el terror”.

En El carnaval diabólico este principio se lleva al extremo. La novela juega con los miedos más básicos, aquellos que permanecen desde la infancia: el temor a mirar debajo de la cama, la desconfianza ante un pasillo oscuro, la duda al ver el propio reflejo en el espejo. A estos elementos se suma la construcción de atmósferas sensoriales.

Becerril utiliza las sensaciones para que el lector no solo imagine, sino que huela, escuche y palpe los espacios donde se desarrolla la historia: “somos seres muy visuales, por lo general describimos lo que estamos viendo, pero a mí me gusta mucho que sea una experiencia inmersiva para los lectores y que puedan sentir lo que el personaje está sintiendo con los cinco sentidos”.

Además, la novela dialoga con distintos subgéneros del terror, en especial con la posesión y los asesinos seriales. Sandra insiste en que conocer las reglas de cada subgénero es indispensable, porque el público del terror es exigente y reconoce de inmediato cuando una historia rompe esas reglas de manera poco convincente.

Una protagonista de ficción en un mundo muy real

Chloe no es por completo un alter ego de Sandra Becerril, pero sí comparte con ella ciertos cuestionamientos. En la novela, la protagonista enfrenta dudas sobre su lugar como mujer que escribe terror. Esa misma pregunta ha acompañado a la autora a lo largo de su carrera: ¿por qué una mujer sonriente, madre, no puede dedicarse a un género asociado al sufrimiento, la oscuridad y los estereotipos góticos?

En México, la mayoría de directores y guionistas de terror de su generación son hombres. Becerril ha tenido que enfrentarse a la incredulidad, a las preguntas sobre por qué no escribe “algo bonito”, a la sospecha de que toda autora de terror debería vivir rodeada de sombras.

Para ella, la escritura es disfrute, incluso cuando lo que se pone en juego es el sufrimiento de los personajes: “tengo derecho a sonreír. A mí me gusta ser feliz. Yo no sufro escribiendo, aunque sí me divierte mucho hacer sufrir a los personajes”.

La literatura y el cine: un diálogo constante

Uno de los sellos de Sandra Becerril es la manera en que su escritura se mueve entre la literatura y el cine. Sus primeros guiones fueron adaptaciones de novelas; con el tiempo, muchas de sus historias han existido en ambas formas. Desde tu infierno, por ejemplo, fue primero guion y luego novela, y terminó por convertirse en película. Esa adaptación incluso le valió una nominación al premio Ariel, donde hacía tres décadas que ninguna mujer era nominada en la categoría de guion adaptado dentro del género de terror.

Con El carnaval diabólico la historia se repite. Mientras la novela circula en librerías, la película se prepara en Argentina bajo la dirección de Néstor Sotelo y la producción de Del Toro Films. Por razones de seguridad, no pudo filmarse en Chiapas, donde transcurre la trama original, y se adaptó a la geografía de Jujuy.

Becerril participó activamente en la adaptación, cuidando que la esencia de la historia permaneciera intacta. Aunque los diálogos y referencias se ajustaron al contexto argentino, la atmósfera y el espíritu del carnaval oscuro se mantienen.

Fotografía de la escritora mexicana Sandra Becerril.

Si algo queda claro en esta entrevista es que para Sandra Becerril la escritura ha sido, además de oficio, una búsqueda constante de voz. Encontrar un estilo propio en el terror, un género lleno de tradiciones y referentes internacionales, es una tarea ardua. Ella lo ha hecho a través de la mezcla entre realidad y ficción, del uso de la cotidianidad como base del miedo y de una narrativa que no teme experimentar con voces, perspectivas y estructuras.

En El carnaval diabólico conviven diferentes narradores: Chloe, el personaje que la acecha, y Christian, protagonista de las novelas escritas por la propia Chloe. Este juego de espejos narrativos construye una experiencia en la que el lector no es solo espectador, sino cómplice. La novela se convierte así en un carnaval donde múltiples máscaras y voces se entrecruzan.